domingo, 19 de junio de 2016

SEGUIR CON LA VIDA TAL Y COMO ESTÁ

Han ido pasando los días, y cada vez más sientes que ese segundo encuentro destruyó todo lo que te había provocado el primero. Esa certeza que sentiste en el primer encuentro que hizo tambalear los cimientos de tu vida, plantearte como si tu vida fuera la de un adolescente romper con todo, lanzarte en un salto mortal por una sensación, por un pálpito.
Te sientes ridículo cada vez que lo piensas. Y no porque el segundo encuentro fuera un desastre, sino porque no entiendes de ti las dudas, la inseguridad, la repentina falta de constancia en el pensamiento y en el sentimiento. Recuerdas que en tu adolescencia a pesar de todo, a pesar de ser una persona pasional e impulsiva, eras una persona constante. Y todo esto te descoloca.
Estar metido en una vida en la que llega un momento en el que sientes que no quieres estar. Sentir querer ser tú mismo, ser capaz de ser tú mismo, frente a todo y a pesar de todo. Aunque ello signifique deshacer lo hecho. O desvestirse de esa vida ajena, y quedarse desnudo, y empezar de cero.
Piensas en ese segundo encuentro. Piensas en ella. En la conversación que tuvistéis acostados. Cómplices e iguales como vuestras vidas. En ese momento ya sabías que no volveríais a veros. Porque a veces a pesar de la magia y de las casualidades, aunque los horóscopos lo digan y haya señales que lo indiquen, uno a veces decide lo contrario. Porque está seguro en ese instante aunque en el resto de instantes no lo esté, que eso es lo que quiere hacer. Seguir con la vida tal y como está.




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